Hernando de Soto y la cordillera de los Apalaches

Por Rocío M.N Licenciada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid

Introducción

Todo el mundo conoce el sendero de los apalaches que cruza la vertiente atlántica de EE.UU de sur a norte pero, ¿de dónde viene ese nombre?  La cordillera fue nombrada a partir de los indios Apalaches, pero dichos nativos americanos no vivían en esa zona, sino mucho más al sur, concretamente en lo que hoy corresponde al territorio de Florida.

Debemos remontarnos atrás en el tiempo para dar respuesta a esta cuestión y preguntar a los primeros exploradores europeos por qué decidieron poner ese nombre a esas montañas.

Hagamos memoria

Daniel Edwing Duncan, en el prólogo de su libro Hernando de Soto. A Savage Quest in the Americas ( Hernando de Soto. A Savage Quest in the Americas. 1995. Crown/Random House), lamenta que muchos norteamericanos hayan dado de lado a la figura del primer europeo que penetró en Norteamérica cuando el sur de los actuales EE.UU era “realmente viejo”. Lo mismo ocurre a este lado del charco, donde el rastro de esos primeros exploradores españoles en nuestra memoria apenas es visible. La historia de los primeros europeos que pisaron tierra norteamericana se desvanece ante las conquistas y colonizaciones tanto inglesas como francesas.

Para los expedicionarios que salieron de España, América se antojaba como un lugar donde encontrar fama y riquezas, sobre todo oro. Además, y como parte esencial de su expedición, tenían como misión la de evangelizar a quienes se encontraran en las “Indias”.

Primeros exploradores

Unos años después de que Ponce de León pusiera un pie en lo que él mismo llamó La Florida (1513), Pánfilo de Narváez llegó al mismo sitio en 1528. La expedición de Narváez en el continente americano (entrando por la bahía de Tampa) es poco conocida por varias razones: la primera la falta de supervivientes con testimonios de sus llegada y, por otro lado, ausencia total de la tradición oral que refleje la perspectiva de los nativos americanos.

Solo conservamos dos narraciones de primera mano de esa expedición. La primera es la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (Spanish explorers in the Southern United States, 1528-1543. 1990. Texas State Historical Association. Austin, Texas), cuyo objetivo principal fue la de convencer al rey sobre la idoneidad de ser recompensado por su sufrimiento en tierras americanas; y la otra son unos testimonios escasos que fueron parafraseados en su inclusión en las primeras historias de las indias.

Es frustrante no conocer de primera mano las andanzas de estos primeros conquistadores, pero la historia de Narváez bien merece el esfuerzo, ya sea porque fueron las primeras personas del Viejo Mundo que atravesaron gran parte de Norteamérica, o porque su expedición fue la inspiración de la empresa realizada por  Hernando de Soto.


Pánfilo de Narváez y el primer encuentro con los indios Apalaches

El Viernes Santo de 1528 un contingente de españoles, caribeños y algunos provenientes del norte de África, tomaron tierra en algún punto de la bahía de Tampa (Florida), bajo la dirección de Pánfilo Narváez. Todos ellos desaparecieron sin rastro volviendo solo cuatro personas: tres españoles y un marroquí, llamado Esteban el Negro, Esteban el Moro o Estebanico.

Narváez, una vez desembarcado, envió un contingente de 40 personas a caballo y 80 a pie para que se adentraran  al norte del territorio. En la primera incursión capturaron algunos nativos que informaron de la existencia, más al norte, de una región abundante en oro. Se piensa que dijeron esto como un intento de alejarles de su territorio.

Después de muchas vicisitudes, el 25 de junio de 1528, la expedición llegó al asentamiento de  Apalachee (que en lengua creek significa “gente en el otro lado”) en la actual Florida que, a juicios de los testigos que habían estado en la conquista de México, no era tan majestuosa como Tenochtitlán, ya que apenas constaba de unos 40 edificios raquíticos construidos de paja. Tan pequeño era que Narváez ni se molestó en atacarla y mandó para ello a Cabeza de Vaca y a Alonso de Solís que entraron sin resistencia. Ese pequeño asentamiento dio nombre a toda la región que dominaban estos nativos americanos.

Narváez recorrió el sudeste de los EE.UU sin encontrar el oro que todo el mundo ansiaba, pereciendo junto a la mayoría de sus hombres en la desembocadura del rio Mississippi.

Hernando de Soto

Este explorador extremeño cogió el testigo dejado por Narváez en su intento de descubrir las maravillas de los actuales EE.UU recorriendo más de 6 mil kilómetros y pasando por 10 estados. Estamos ante el primer europeo en ver el gran rio Mississippi y el que dio nombre a la cadena montañosa de los Apalaches después de tomar contacto con una tribu de la costa del Golfo de Florida, los Apalaches (DOOLITTLE, Jerome: The Southern Appalachians. The American wilderness.  Time-life books. 1975) que fueron los nativos americanos que le sirvieron de guía.   Es este un viaje de ida y vuelta, ya que el protagonista de esta Historia, el que dio nombre a la cordillera apalachense, es oriundo de Extremadura, lugar donde se encuentra la vertiente europea de dicha cordillera.

Recorrido Hernando de Soto con el nombre “Apalache” al norte de la península de Florida

Los antropólogos creen que el pueblo que después fue llamado Apalaches apareció primero en el norte de Florida en algún momento del siglo VIII d.C, setecientos años antes de la llegada de De Soto. La tierra de los Apalaches se extendía desde el  río Ochlocknee hasta la moderna frontera con Georgia. En el sur terminaba en el Golfo de México, en la esquina de Panhandle. En todo este territorio no había cimas como las que hay en la cadena montañosa que hoy en día llevan su nombre.

Florida et regiones vicinae. Hacia 1640. Joannes de Laet. Library of Congress

Fueron los cartógrafos franceses los que plasmaron en sus mapas la cordilleras con el nombre de Apalaches, aunque nunca hubieran visto un nativo americano con tal nombre ni hubieran pisado ese territorio (SCHNEIDER, Paul: Brutal Journey: The epic story of the first crossing of North America. 2006. Henry Holt and Company, LLC. New York).

Curiosamente,  Hernando de Soto tuvo contacto en su expedición con varios pueblos nativos al este del rio Mississippi, como los creek y cherokee. Mooney, en su libro de 1907 llamado Handbok of Amanerican Indians (Extraído de The Native Population of the Americas in 1492.University of Winconsin Press), estimaba la población de la confederación creek en 18 mil individuos, la cherokee en 22 mil y la apalache en tan solo 7 mil, por lo que podemos  decir que no era la población nativa más abundante. Aún así, la gran cadena montañosa recibe tal nombre en honor a una tribu que no pertenecía a la zona sino a Florida.

Los expedicionarios de Soto ya habían oído sobre un posible El Dorado en España  en boca de Cabeza de Vaca en el emplazamiento de Apalachee, aunque en su crónica (CABEZA DE VACA, Alvar Núñez: Naufragios. Madrid. Compañía Iberoamericana de publicaciones) no menciona que Narváez hubiera encontrado oro en ese pueblo, ni tampoco los posteriores que hablaron de la expedición de Soto lo hicieron. Entonces, ¿por qué se dirigió hacia allí? Parece ser que el principal  objetivo para que el ejército de  Soto se dirigiera hacia allí fue la búsqueda de comida para el invierno que se avecinaba. Por otra parte, vencer a los Apalaches conllevaba cierto orgullo por la fama que tenían entre los nativos americanos por su ferocidad.

Tardaron un mes en alcanzar el centro de la región de Apalachee, pero el norte va marcando siempre la ruta de la hueste y el 25 de marzo de 1540 entraron en lo que es actualmente Georgia, hogar de la punta sur del comienzo del sendero apalachense.

Rumbo hacia el norte

Desde el principio Hernando de Soto utilizó a los indios apalaches como guías para moverse en el territorio, y fueron ellos los que le llevaron hacia el norte. Según la experiencia de Hernando de Soto en América Central, allí donde hubiera una montaña podía significar que el oro estaba cerca. Uno de los expedicionarios dijo haber encontrado algo de oro, rumor que se hizo público entre el ejército de Soto y acrecentó la creencia de que se encontraban en una tierra de gran riqueza.


Los primeros hombres blancos en alcanzar la cordillera no expresaron ninguna admiración ante su contemplación, ya que no aparece nada al respecto en la relación de Fidalgo de Elvás[1], que tan solo destacó la huida de una rehén que era utilizada de guía en la expedición.

El extremeño  envió dos personas más al norte de su posición, pues los indios decían que allí se explotaba un metal de aspecto cobrizo y otro mucho más fino y dorado. Los emisarios volvieron con las manos vacías y solo dijeron que al norte había una zona muy abrupta y de difícil paso. No habiendo encontrado nada de metal precioso, siguieron su camino errante por el norte de los actuales EE.UU sin saber que encontraría la muerte en 1542 a orillas del río Mississippi, ostentando el título como el primer europeo en avistar su curso.

Oro al fin, pero tarde para los españoles

Años más tarde, otro explorador, Juan Pardo, encontró en esos mismos montes Apalaches trazas de metal que se creía que era plata, pero cuya pátina era de un color rojo brillante que se supone que sería jaspe rojo o hematite (óxido de hierro). También los hombres de Pardo dijeron que habían encontrado rastros de diamantes escondidos en alguna parte en el sur de los Apalaches, rumor que alimentó durante siglos historias de tal piedra preciosa. Esos rumores nunca fueron acallados a pesar de que nunca se ha encontrado nada aparte de cristales de cuarzo con el que los indios, ya  en los tiempos de Soto, usaban para templar su cerámica.

En esta zona existe una pequeña cantidad de oro, Hernando de Soto falló en la localización de las minas de cobre y en la del oro.


[1] Como fuente para la expedición de  Hernando de Soto tenemos a Fidalgo de Elvas con su Expedición de Hernando de Soto a la Florida, que publica primero en 1557 en portugués y español, y se traduce luego al holandés, inglés y francés. Fue un recurso más para buscar las claves  para la colonización americana de estas naciones.

Mapas

Carte de la Louisiane et du cours du Mississipi, 1718

“Apalaches” Al suroeste de CAROLINE

1715 Homann Map of North America and the West Indies

Apalachicoli, Apalacha, Apalachi y Maria di Apalachi

1732 Herman Moll Map of the West Indies, Florida, Mexico, and the Caribbean

Apalaxy, Apalachicoli river, St María de Palaxy, Apala, Apalaxy or Appalata old Indian settlement, 100 men

Esperamos que esta pequeña introducción a La cordillera de los apalaches, de donde viene su nombre y su relación con Hernando de Soto (Conquistador y Explorador español de Badajoz, Extremadura) os haya resultado de interés.

El sendero más largo del mundo os espera para seguir recorriendo las tierras lejanas, o no tanto, cual exploradores en busca de enriquecernos culturalmente a través de esta maravillosa geología, la geología apalachense.

Enlaces externos

Carte de la Louisiane et du cours du Mississipi, 1718

1715 Homann Map of North America and the West Indies

1732 Herman Moll Map of the West Indies, Florida, Mexico, and the Caribbean

1630 De Laet Map of Flordia and the American Southeast